“Los sacerdotes nos debemos a la voluntad del Señor.” mensaje de Monseñor Daniel Delgado.

Mensaje de Monseñor Daniel Delgado a los sacerdotes, como despedida a la vicaria Inmaculada Concepción

09 de Septiembre 2019
“Los sacerdotes nos debemos a la voluntad del Señor.” mensaje de Monseñor Daniel Delgado.
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Para cerrar su ciclo como vicario de la Inmaculada Concepción, Monseñor Daniel Arturo Delgado desarrolló un encuentro espiritual y de reflexión con todos los presbíteros de la vicaría, a quienes agradeció profundamente por su apoyo a lo largo de estos 7 años, quienes a su vez, agradecieron por tan admirable labor que el sacerdote realizó durante este tiempo.

Rodeado de una admirable vegetación dentro y fuera de sus instalaciones, con una excelente vista hacia la capital y un ambiente fraterno, el Seminario Arquidiocesano Misionero Redemptoris Mater fue el lugar donde se llevó a cabo una mañana de encuentro, oración, reflexión, pero sobre todo de agradecimiento a un pastor que durante más de 7 años logró, entre muchas cosas, trabajar por “el reconocimiento, la valoración y el servicio al sacerdote en primer y fundamental lugar”. Dicho encuentro se realizó en el marco de la reunión de presbiterio dirigida por Monseñor Daniel Arturo Delgado.

De esta manera, Monseñor Daniel cerró su ciclo como vicario episcopal de la Inmaculada Concepción dirigiendo una reflexión especial basada en el himno de la Hora Tercia de la Liturgia de las Horas que permitió llevar a los presentes a meditar sobre la belleza y los desafíos de su ministerio.

Tu poder multiplica

la eficacia del hombre,

y crece cada día, entre sus manos,

la obra de tus manos.

 

Nos señalaste un trozo de la viña

y nos dijiste: «Vengan y trabajen»

Nos mostraste una mesa vacía

y nos dijiste: «Llénenla de pan»

 

Nos presentaste un campo de batalla

y nos dijiste: «Construyan la paz»

Nos sacaste al desierto con el alba

y nos dijiste: «Levanten la ciudad»

 

Pusiste una herramienta en nuestras manos

y nos dijiste: «Es tiempo de crear»

Escucha a mediodía el rumor del trabajo

con que el hombre se afana en tu heredad.

 

“Conviene pensar la vida y el ministerio una y otra vez a la luz de este himno; no venimos ni nos vamos por cuenta propia… (…) Los sacerdotes nos debemos a la voluntad del Señor. No estamos en la viña del Señor en procura de un interés personal, ni hemos sido llamados a vacacionar. Estamos en un trozo de su campo en cumplimiento de un llamado y un envío”, afirmó Monseñor Daniel, que a partir de la fecha será Vicario Episcopal de la Vicaría Cristo Sacerdote.

“El Señor no nos ha querido cesantes, desocupados, inoperantes, a él le duele la inoperancia, le duele la pérdida de la vida sentados mirando pasar el tiempo; El Papa Francisco nos alerta contra esta tentación de balconear la vida, es decir, perder la vida parados en el balcón sin comprometernos. No nos ha querido cesantes, nos ha movido, se ha fijado con misericordia en cada uno de nosotros y nos ha dado parte en su propio campo de siembra”

Nos señalaste un trozo de la viña y nos dijiste: «vengan y trabajen»

Definitivamente, el seminario Redemptoris Mater se convirtió en el lugar más acertado para acoger la última enseñanza que este pastor hizo como vicario de la Inmaculada, no solo por lo admirable de sus instalaciones, sino por la comunión que allí se sintió y se vivió. Monseñor Daniel, un sacerdote nacido en Nocaima y en cuyo rostro se manifiesta el carisma y la esperanza de un pueblo que sueña con la paz y la comunión, enfatizó en una característica fundamental que hace parte del sentido de ser sacerdotes: “La mesa de los hombres está vacía, el pan de cada día escasea. La sensibilidad de las carencias humanas forma parte ineludible del llamado sacerdotal. No se puede ser sacerdote sin sentir crujir en el estómago el dolor del hambre ajeno”.

Nos mostraste una mesa vacía

y nos dijiste: «Llénenla de pan»

 

“El ministerio sacerdotal no se comprende ni se realiza al margen de la mesa eucarística. Saciar el hambre en la multitud hambrienta comprende hablar de las cosas del reino, hablar de la esperanza futura que se forja en el presente y, anunciar… anunciar, anunciar sin descanso la libertad pascual. Saciar el hambre urge partir y compartir el pan eucarístico y sentar a la mesa del Señor a los hijos para saciarlos con el pan del Señor, teniendo presente las palabras que Pablo recogió de la enseñanza de su mentor: hagan esto en memoria mía”. Afirmó.

Nos presentaste un campo de batalla

y nos dijiste: «Construyan la paz»

 

“Parece un contrasentido que en el campo de Dios haya hambre, guerra, y, sin embargo, el campo de Dios ha sido dado a los hombres y en él se da lo que hay en el corazón del hombre. Si hay hambre no es por culpa de Dios, si hay guerra no es por culpa de Dios”.

En este sentido, insistió en que los sacerdotes han sido nombrados embajadores de paz, “en medio de una sociedad lacerada en sus fundamentos, minada por odios, violencias e injusticias. Los obreros de la viña del Señor han recibido un encargo: «construyan la paz» … (…) Es posible que lo macro impida identificar lo local y que el campo de batalla del pequeño entorno aparezca secundario. Sin embargo, es en ese micro territorio de la viña del Señor en el que se nos ha encargado trabajar, es en nuestra parroquia, en cada uno, en la vicaría, en donde se nos constituye constructores de paz”.

Nos sacaste al desierto con el alba

y nos dijiste: «Levanten la ciudad»

 

Frente a esto, manifestó que levantar la ciudad no es otra cosa que seguir lo establecido en el plan de evangelización. “La capital de Bogotá se presenta  para todos como el campo al cual se nos envía a sembrar la palabra, el terreno que hay que cultivar con el trabajo diario, el testimonio evangélico y el sincero esfuerzo de una verdadera evangelización… (…) Levantar la ciudad puede sonar a construirla de nuevo, o puede tratarse de una ciudad caída que necesita la fuerza y el impulso del Espíritu que, a través del ministerio sacerdotal, contribuye también a que se levante”

«Es tiempo de crear»

“Si estamos aquí es porque le dijimos sí, nadie nos trajo obligados al ministerio. Lo que somos requirió de una respuesta positiva. Nos levantamos de nuestra quietud, contemplamos, salimos temprano hacia el desierto, lo hicimos libremente y éramos conscientes de todo lo que nos esperaba. Nos la hemos jugado con la herramienta del Espíritu que hace nuevas todas las cosas”.

De igual forma, manifestó que cuando se habla de crear, quiere decir, que “aquello que parece solo cosa de Dios, es también la tarea del enviado. En el campo de la viña hay que ser creativos y hay que mover la vida al ritmo del Espíritu”.

Finalizó agradeciendo a todos los presbíteros por su labor y compromiso con el llamado que el Señor ha hecho en sus vidas. Así mismo, los sacerdotes manifestaron su profundo agradecimiento por la labor y el constante acompañamiento que Monseñor les brindó. Pero sobre todo por su búsqueda permanente de construir comunión en la viña que el Señor le encomendó.

Durante este encuentro también se contó con la presencia de Monseñor Pedro Salamanca, vicario de evangelización, quien dirigió una reflexión basada en cómo desde el ministerio sacerdotal se debe vivir y hacer vivir a la comunidad el plan de evangelización. Así mismo, celebró una Eucaristía en agradecimiento a Monseñor Daniel contando con todos los párrocos que hacen parte de la vicaría. Y luego de un almuerzo fraterno se le dio un hasta pronto a quien nos acompañó en la tarea de trabajar la viña, llenar la mesa, construir la paz, levantar la ciudad y mover la vida al ritmo del Espíritu.  

 “Escucha Señor la laboriosa entrega de estos sacerdotes que creen, trabajan y esperan… Saben que seguirán contando con mi servicio, mi presencia de sacerdote y de hermano”.  Monseñor Daniel Arturo Delgado Guana.

 

 

 

Oficina de Comunicaciones

Vicaría Episcopal Inmaculada Concepción

 

 

 

 

 

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